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¡…Sin miedo voy para adelante…!

Sé que no vivo en un mundo perfecto, de gente buena que se compromete a  construir mejores vidas. Sé que el sistema social en el que, como esclavos, “vivimos”, nos empuja a ser caníbales entre nosotros, a destruir con nuestra lengua -y con nuestras manos- al hermano y a todo aquel que se interponga en nuestro camino. Sé que a veces uno se esfuerza al máximo, da lo mejor de sí, planea, lucha y no se obtienen los resultados justos por los que se ha propendido. Sé  todo eso.

 

Pero, también sé que Dios tiene poder. Sé que Él actúa desde dentro de los hombres y llena de sentido todo, hasta lo que, aparentemente, es el sin-sentido. Por ello, no pierdo la esperanza. Por eso, todos los días me levanto seguro de que voy a triunfar, de que podré escapar de las trampas del mal, y podré sonreír en el lugar alto y seguro de que Dios me pone a salvo. Él será la causa de mi alegría y de mi gozo. De Él estaré lleno para seguir navegando y luchando, para no hincar rodilla en el campo de batalla y no dejarme vencer por las dificultades.

 

Esto se realiza en el misterio de Cristo Resucitado. El que murió solo en la cruz, abandonado por todos (Marcos 14,50), Aquel que fue víctima de todas las burlas, de todas las calumnias, de todos los ataques, RESUCITÓ y está sentado a la derecha del Padre.

 

Esa es la enseñanza fundamental de mi vida. Por eso, hoy te invito a creer.   No sé cuál sea tu cruz o tu derrota, no sé cuál sea tu enemigo o cuál el que se burla de ti; pero lo que sí sé, y lo sé con la certeza existencial de la fe, es que si no desfalleces, si luchas, si te mantienes coherente, y con esperanza, a pesar de todo, saldrás vencedor. De eso estoy seguro. Y eso es lo que me anima a seguir adelante. ¡Venceremos! Para ello tendremos la actitud de compromiso que se necesita y la libertad que se requiere. “En todo saldré vencedor por Aquel que me amó” (Romanos 8,37).

 

Ahora, tiene que quedar claro que Dios no castiga. El Dios que nos reveló Jesucristo es un Dios de misericordia y de amor. La historia si corrige y tenemos que darle cuenta –gracias a la estructura de causa efecto en la que vivimos- de nuestros comportamientos.

 

Es por eso que nosotros no podemos dejarnos encasillar en la visión de un Dios comerciante que intercambia con nosotros realidades. Dios no necesita nada de nosotros (Hechos 17,25).

 

En estos días me escribió una señora que había hecho una promesa a Dios y que en ese momento no podía cumplirla, y me preguntaba: -Padre,  ­¿qué hago? ¿me va castigar Dios? Me dio pena que la señora creyera que Dios la iba a castigar porque ella había prometido algo y no podía ahora entregarlo. Ese dios es cruel y no tiene nada que ver con el que nos enseñó Jesucristo. Le dije que hablará con Dios y le contará toda la situación y se sintiera libre al no poder cumplir la promesa.

 

No se trata de ser “vivos”; sino de vivir en la sinceridad. Si no podemos, pues no podemos, punto. Esas relaciones con Dios no son bíblicas y no corresponden con la lógica de amor que Él nos ha propuesto. No hagamos comercio con Dios. Nos esforzamos por ser mejores porque sabemos que ese es el camino para ser felices. Nosotros damos diezmos y ofrendas porque el valor de la solidaridad es básico para construir comunidad. Nosotros hemos de perdonarnos y de amarnos porque existir humanamente es coexistir. Amamos a Dios y nos entregamos a Él pero no podemos asumir la posición de hombres asustados ante un dios padrastro que nos quiere hacer infelices y que compite con nosotros. La relación con Dios es de amor. Hay que amarlo y dejarse amar por Él. Se trata de entregar el corazón más que entregar cosas. Se trata de seguirlo más que de temerle. Se trata de hablar con confianza con Él más que de andar asumiendo formulismos que nos separan. Es experiencia más que discurso científico. Ese Dios es el que te invito a amar y al que te invito a celebrar en los sacramentos.  Sé libre que Dios te quiere libre.

 

Por estas razones sigo siendo un hombre de esperanza y quiero ser plenamente feliz.


P. Alberto Linero G. Eudista

Director regional Minuto de Dios Radio

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